Certezas

Poco a poco se va uno quedando sin certezas sobre la vida. Al fin y al cabo, ¿Quién va a ser uno para estar por encima de su propia época, la del nihilismo consecuencia de la muerte de dios?

Una cosa es segura, a dios no lo va a reemplazar ni el liberalismo, ni el anarquismo ni el humanismo, ni los life-hacks, ni nada de eso, así que mejor no buscar por esos lados, para evitar frustraciones. De lo anterior estoy seguro porque una de las pocas que aún doy por ciertas mas allá de toda duda es la superioridad de lo bello sobre lo feo y en las alternativas que listé anteriormente no se encuentra nada de la luminosidad que la idea de dios extendía otrora sobre la psique del ser humano.

En otras palabras, estamos graves.

Hablando de liberalismo, está candente el debate sobre “el dogma trans”, como llamó Carolina Sanín a un discurso que no se tomó la molestia de precisar, ni definir, de delimitar ni nada. Pero bueno, lo que entiendo es que en ese debate hay dos campos: el de los que reivindican el derecho de los trans a ser identificados con el género al cual ellos consideran pertenecer y el otro campo (el de Carolina Sanín) que ven en esas reivindicaciones el fortalecimiento de los géneros existentes, es decir, de construcciones sociales que contribuyen a la opresión de los miembros de uno de los dos sexos biológicos.

A ese respecto, como ya comenté con los camaradas Velez y Rodriguez, mi opinión, o mi intuición más bien porque yo que voy a saber, es que si bien la expresión de los géneros es (hasta cierto punto) arbitraria, y perfectamente criticable, la existencia de dos géneros en una sociedad cualquiera es posiblemente una necesidad de la especie. Y si, digo dos (pueden llamarme godo), porque creo que esencialmente es una realidad binaria (con matices, obvio), pero ajá. Eso me convence más que lo correcto es ser considerados con las personas que están sufriendo por tener que vivir asignados a un género distinto al que su cabeza les dice que pertenecen, en vez de darles lecciones explicándoles que son idiotas útiles del patriarcado.

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