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El hombre del paleolítico

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Me imagino que ya saben que lo que hay que disminuir es el azúcar, que la grasa finalmente no es tan mala, excepto la grasa trans, que esa si es pésima. En la casa casi siempre desayunamos lo mismo: huevo frito, tinto y tostadas con mantequilla y mermelada, es decir, azúcar a la lata. El hombre del paleolítico nunca se preocupó por el azúcar. Hay que decir que en realidad su única fuente de azúcar en ese entonces eran las moras que ocasionalmente se encontraba por ahí en algún arbusto al que había ido a orinar. Lo del arbusto es un decir, ya que el hombre del paleolítico orinaba donde quería, en el momento en que lo encontrase la necesidad, lo cual seguramente era muy bueno para la prevención del cáncer de la vejiga y la disminución del stress.

En cualquier caso, el hombre del paleolítico no sufría de stress, ya que tenia en orden su vida espiritual y la serotonina. Aún no había sido contaminado por los perturbadores endocrinos ni por el “solo sé que nada se” que tanta desdicha ha traído a la humanidad desde entonces, ni tampoco por los cultos basados en el odio al mundo material. Desde acá, desde el siglo XXI, no alcanzamos ni siquiera a concebir la riqueza de su mundo interior, cuya potencia seguramente lo desestabilizaba de vez en cuando y lo mandaba a llorar solo detrás de una peña, para luego seguir su camino como si nada, feliz de la vida.

Sabiduría del resentimiento

Tengo un contacto en Facebook (con quien nunca he hablado, en realidad) que unicamente publica imágenes. Todas sus imágenes caben en una de dos categorías: 1) religiosas o 2) lo que yo llamaría píldoras de sabiduría del resentimiento. Las primeras corresponden a una especie de mensajillos de iconografía religiosa, adaptados al mundo de los memes. Por ejemplo:

Esto definitivamente no es de dios.

(Sobra decir que dudo mucho que al todopoderoso le interese que comentemos un post en Facebook. Pero bueno). Estas imagenes casi siempre las acompaña de un “Amén”.

Del segundo tipo de imágenes, las de resentimiento, lo que me parece interesante es que tiene mucho éxito, la gente les da like y comenta cosas estilo “tal cual!” “Triste pero así es”. Juro que los ejemplos que pongo a continuación son simplemente una muestra que agarré sin ningún esfuerzo de lo que ésta persona ha publicado en las ultimas dos semanas y que publica seguido desde que la tengo como contacto en Facebook:

 

no, no creo.

 

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Obvio que el autor tiene en mente a alguien en particular, y que le encantaría que a esa persona la vida le diera vueltas (para mal)

 

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Este mensaje no está del todo mal, aunque sospecho que la intención más que defender a una victima es la de llamar a alguien “anormal”

 

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Ok

 

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Ratas en mayúscula

 

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etc, etc

 

Toys “R” Us

Hacemos fila en la caja de Toys “R” Us para pagar un regalo para un cumpleaños al que está invitado Sebas y un peluche para otro regalo. El peluche cuesta más de lo que esperabamos (dos dolares más). Escucho a Andrea decirle a la cajera “yo sé que no es su culpa, pero esta es la segunda vez que tengo un problema con un precio mal etiquetado acá”. Veo a la cajera inclinarse hacia atrás y decir “Ah si? Yo no tengo ningún problema con ir a verificar el precio”. Sudo. Hay por lo menos cinco personas detrás nuestro en la caja. Escucho a Andrea decir “Pues vamos a verificar”. Ambas tienen los brazos cruzados, se observan, como en una película de vaqueros. Me quedo esperando con Sebas en la caja, intentando evitar la mirada del resto de los clientes. Al cabo de un rato la cajera regresa, sola. En ese momento me invade más que nunca el sentimiento trágico de la vida.

Continuara.

 

Resoluciones para el 2017

  • Meditar durante seis horas al día todos los días.
  • Leer trescientos cincuenta libros.
  • Tomar al menos cuarenta vasos de agua al día.
  • Comer tres kilos de habichuelas al día.
  • Chequear Facebook máximo 3 veces al mes.
  • Prácticar 5 horas de deporte todos los dias.
  • Aprender 25 nuevos lenguajes de programación.
  • Escribir ochocientos posts en este blog.

Juzgando a todo el mundo en el bus

Llegué al terminal de Montreal faltando cinco minutos para la hora de salida del bus. Como el bus estaba al frente mio, decidí que tenía tiempo, entré a una tienda y me compré unas gomas, antes de entrar al bus. Frente a la puerta del bus estaba el chofer del bus (era el mismo de por la mañana), un señor por ahí de 50 años, con barba ya un poco gris, junto a un tipo que asumí era otro chofer de bus, más joven, por ahí de 25 a 30 años. Los dos estaban con las manos en los bolsillos, parchando frescos. El chofer, que me vió salir de la tienda, me dijo sonriendo cuando le extendí el tiquete de bus “llegando a último minuto, ah?” yo si “si, ah? es que no tengo afán”, a lo que el otro tipo, el joven, anotó, “si, bien, así es que hay que vivir, sin afan, ah?” (la traducción es mía). Me subí al bus con cara de “ah?” pero satisfecho con mi respuesta y juzgando que se trataba sin duda de dos buenas personas.

Ya en el bus me tocó sentarme en una de las últimas sillas ya que aunque había otros puestos libres antes, la gente al lado había puesto en ellos sus morrales o chaquetas. Me dije que se trataba de gente desconsiderada, sin ningún savoir vivre, que la mínima cortesía es esperar que todo el mundo se suba antes de apropiarse de la silla de al lado. Me toco sentarme junto a un señor gordito que tenia desplegada la mesita del espaldar de la silla de al frente en la que había puesto su iPad para jugar un juego de Star Wars. Dificil adivinarle la edad al señor, por ahí 40 yo creo. Con gafas.

En el par de sillas del lado opuesto había un tipo de aspecto lechoso, por ahi 25 años, absorto, entregado a la contemplación de sus propios pensamientos. Era uno de los que tenía cosas en la silla de al lado. Llegó al poco rato un adolescente (14 o 15 años, por ahí) y le pidió amablemente que si podía correr las cosas. El hombre lechoso lo miro con cara de “en serio me va a hacer mover mis cosas?”. Finalmente movió las cosas, haciendo mala cara. Lo consideré a partir de ese momento como un enemigo. Incongruentemente luego se le presentó al joven “Me llamo Gabriel, mucho gusto” y luego le hizo la conversación preguntandole cosas de vez en cuando pero sobre todo hablando de él mismo y dandole consejos, en un tono que me pareció tan desagradable como sospechoso.

Media hora después, en la silla al frente de la del adolescente, una joven de jeans apretados y uñas largas pintadas de blanco contestó su teléfono y dijo dos veces, “No me metas en tus cuentos, eso me enfurece”, la primera vez medio tranquila y la segunda vez medio gritando. En cualquier caso siguió conversando como 40 minutos, a pesar de su reticencia a ser involucrada en los cuentos de su interlocutor.

Saqué mi libro, esperando secretamente que su gran tamaño infundiera respeto entre la banda de ignaros que me rodeaba.

Luego saque una naranja, y el señor de al lado me ofreció amablemente una bolsa para botar las cascaras. Se trataba tal vez de un aliado. El señor habló un par de veces con una mujer por teléfono. Era imposible saber, por el tema y el tono, si se trataba de su esposa o de la mamá. Pobre señor, me dije, se ve que vive sereno, sin saber que tiene pura cara de persona insignificante, que debería tener un poquito de pudor, como todo el resto de personas  que parecemos insignificantes, y expresar un mínimo de angustia existencial con sus ademanes y su actitud ante la vida. Indiferente a mis reflexiones, el pobre diablo siguió tranquilo hablando con la esposa o la mamá y jugando Star Wars en el iPad.

Oda a mis perros

Loki y Thor son sus nombres,

rufianes, perros de calle aguzados,

las leyes de los hombres

y sus jueces taimados

miran con desdén, envalentonados

 

Si este par de compinches

Canis Lupus Familiaris, en latín,

pararan los bochinches

cuando suena el tilín

del timbre de la puerta, frente al adoquín

 

Mucha calma y mucha paz

reinarían, pero las alimañas

ladran, sí, como el que más;

ni amenazas con cañas

los silencian, por mas que te des mañas

 

La otra vez, temprano,

frente a la casa de una vieja loca

orinó loki, sano.

Sale de la maloca,

la madame care-foca,

 

me busca la querella,

llenandome de reproches patanes,

pues la calle no es de ella.

ahí, sin ademanes

orinarán mis canes

 

Vaqueros y piratas

Ya se sabe que el género western es en esencia el mismo que el de las películas japonesas de samurai sin amo, al punto que se pueden transcribir películas de uno al otro sin problema, como en el caso de los 7 samurai (o de Por un puñado de dolares). Son historias sobre las fronteras de la sociedad (fronteras geográficas y morales), donde los personajes son hombres más de acción que de ideologías o discursos. Como hace poco leí “La isla del tesoro” y además repetí la trilogía de Sergio Leone con Clint Eastwood, me puse a pensar si también hay relación con el género de piratas. Hay varios puntos en común obvios, aventuras violentas, personajes ultra-codificados, la apología de la libertad (debe ser por eso que esas películas pegan tanto entre el hombre domesticado), pero, sobretodo (y lo que permite hacerse la pregunta sobre la relación entre los géneros) un escenario en las orillas del mundo civilizado.

Me parece que la diferencia importante es la siguiente: el vaquero está efectivamente por fuera del sistema, donde las reglas y las leyes no aplican (el sheriff es un actor más) y donde cada cual está por su cuenta. Es así como muchas veces el climax del western se materializa cuando el personaje principal se enfrenta a un dilema moral que se presenta en su forma mas pura ya que el vaquero no tiene que rendirle cuentas a nadie diferente a si mismo. El vaquero es un solitario, si adhiere a un grupo es por una alianza circunstancial, sus dialogos son lacónicos y sus conflictos se resuelven rápido a punta de revolver. El pirata, en cambio, no está realmente por fuera de la sociedad sino que hace parte de una mini-sociedad que replica, de manera grotesca, la sociedad de origen. El pirata no está solo, hace parte de un colectivo con sus normas y jerarquías, que imitan aquellas de la sociedad de origen. Los piratas, que se refieren a si mismos como gentlemen of fortune, ponen especial cuidado en respetar una cierta etiqueta al hablarse entre ellos, tratandose mutuamente de “Mr.” o “Sir” (antes de darse bala o espada). La tripulación de un barco respeta una cierta jerarquía y hay un respeto, como en el resto de la sociedad victoriana de la época, tanto de la forma como de ciertas “leyes” superiores al individuo. Esa diferencia le da un sabor bien distinto a los dos tipos de escenario.

De ñapa, junto a este sesudo análisis, dejo dos citas piratezcas, in english:

Now and then we had a hope that if we lived and were good, God would permit us to be pirates, — Mark Twain

De La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson:

For thirty years,” he said, “I’ve sailed the seas and seen good and bad, better and worse, fair weather and foul, provisions running out, knives going, and what not. Well, now I tell you, I never seen good come o’ goodness yet. Him as strikes first is my fancy; dead men don’t bite; them’s my views—amen, so be it.

 

 

 

Cuento de navidad

Era la víspera de navidad y Antonio “Toño” Botero se despertó confundido, con dolor de cabeza y la camisa manchada de sangre. Luego de cinco minutos de letargo se levantó, caminó pesadamente a la cocina y se preparó un café. Como todas las mañanas, el café le supo asqueroso. A Toño le gustaba pensar que si hubiese alguien con quien compartir su vida el café le sabría mejor. En el fondo sabia que no cambiaría nada, dado que el café lo preparaba en una máquina que no dejaba nada al azar. En cualquier caso, lo cierto era que desde hacía un tiempo la soledad comenzaba a pesarle.

Al tomar la ducha, la bruma mental comenzó a disiparse y Toño recordó que la noche anterior había salido con sus colegas de trabajo a tomarse algo. Como siempre, habían discutido sobre la vida, la guerra, el amor, el sexo, la paz, la política, las ultimas fotos de las vacaciones de Laurita en Facebook, en fin de todos aquellos temas que constituyen desde el alba de los tiempos la materia prima del arte y la filosofía. Temas de los cuales la sensación de horror que viene con entender de ellos que nunca se les encontrará un verdadero sentido va invadiendo a cada hombre de nuestros tiempos hasta convertirlo en ese ser frágil y vulnerable, esa versión enternecedora  del homo sapiens que puebla hoy en día las ciudades de nuestro planeta. El nihilista de oficina.

Era precisamente de nihilistas de oficina que se llenaba el establecimiento donde Toño y sus amigos habían estado departiendo la noche anterior, el famoso “Tonada para un torero” de la 6ta con 19. Desayunadero en las mañanas, expendio de almuerzos ejecutivos al medio día, “Tonada para un torero” era un altar de la salsa en la cabeza de su propietario y oficiaba en realidad como tertuliadero de burócratas cuadragenarios, durante las noches. Su clientela contaba con algunos personajes de alcurnia sospechosa, como aquel concejal flacuchento y libidinoso con ínfulas de poeta, pero también con uno que otro aristócrata en toda regla, como el capo de una peligrosa red de atraco y cosquilleo que sin duda compartía sangre tanto con Nicolas de Federman como con el cacique Timanco. La mayoría de comensales eran sin embargo simplemente gente ordinaria, trabajadores encerrados en un ascensor social eternamente atascado en el segundo piso. Aquella noche, la decoración de navidad pasada de moda que cubría el lugar le daba un aspecto lúgubre.

Luego de vestirse, Toño metió la ropa sucia en la lavadora. Fue entonces cuando recordó la razón por la cual su camisa tenia manchas de sangre. Al regresar a su casa a media noche, subiendo a la plataforma de acceso al sistema rápido de bus, comenzó a sangrar por la nariz. Era algo que no le ocurría desde que tenia 13 años. Toño había buscado en sus bolsillos sin encontrar ni pañuelos ni nada que hubiese podido ayudarlo. Lo único que pudo hacer fue quedarse quieto e inclinar la cabeza hacia atrás hasta que la hemorragia nasal se detuviera. Desde esa posición absurda, sin poder ver lo que pasaba a su alrededor, Toño escuchaba a transeúntes especular sobre su estado.

Transcurrió un tiempo con Toño en esa posición hasta que la disminución del oxigeno en el cerebro hizo que su túnel visual se fuera cerrando poco a poco. Se sintió solo, como flotando en medio del cosmos a millones de años luz de la tierra. Toño se había convertido en una esfera de energía navegando por el espacio en total calma cuando de repente una voz femenina preguntó “señor, le pasa algo?”. Contestó que se le había venido la sangre por la nariz (de nuevo podía hablar). Conversaron un rato mas. El pliegue de la carótida lo mantenía aún en estado de alucinación y le pareció que él y la mujer eran dos batracios gigantes del lago Titicaca, intercambiando mensajes plácidamente por medio de burbujas. La joven le recomendó que comiera maní que porque seguro eso era falta de hierro.

Luego perdió el sentido.

Toño no lo recordaría nunca, pero un capitán del cuerpo de bomberos de la ciudad lo había visto y, con ayuda de la mujer, lo había metido en un taxi y mandado a su casa.

De todo eso, a Toño no le quedaba ese 24 de diciembre nada distinto a un sentimiento de zozobra y de guayabo, parecido al que sintió el primer hombre que al bajar del árbol a las planicies del áfrica se dio cuenta de que ya no se iba a poder volver a trepar. Toño estaba a punto de ponerse a llorar, pero tenía un poco de afán. Metió las manos en los bolsillos para buscar las llaves y fue justo ahí cuando se produjo el milagro de navidad, en su bolsillo encontró un papelito en el cual estaba escrito un numero de teléfono junto a un nombre femenino.

Libros 2016

Este año no leí casi nada (culpa de la falta de tiempo, del internet, etc, etc). El que más me gustó fue “El corazón de las tinieblas”, de Joseph Conrad. Leí una introducción a la teología de la liberación, aburridisima y de la que no aprendí finalmente nada interesante. Otro sobre “the late antiquity”, ese sí interesante. En cualquier caso ninguno que me haya dejado con la sensación de haber leido una cosa muy tremenda, como lo han hecho libros en el pasado. También intenté leer un libro de Adorno (o sería el año pasado?), pero confieso que no entendi sino como la cuarta parte de lo que leí y no lo terminé.

Fin del mundo

L'arcane sans nomEl arcano trece del Tarot de Marsella (llamado “sin nombre”) contiene la imagen de la muerte, el fin de partes del pasado que hace posible el nacimiento de nuevas realidades. Es una carta de transformación. La imagen de la muerte carga también la promesa de una vida nueva, pero no sin alguna clase de duelo.

2016 ha sido un año con visajes apocalípticos. En medio de la muerte de personajes icónicos, toda clase de eventos internacionales impensables en el pasado presagian el aniquilamiento de certezas, reglas y códigos. En suma, es el momento propicio para hacar cambios y tomar desiciones radicales. No hay que tener miedo de la nueva vida que viene, como me dijeron hace poco en una lectura del tarot, ninguna vida es en si misma un éxito o un fracaso y, sobre todo, no hay una sola vida sino varias.

En fin, todo eso para decir que me voy a mandar hacer la vasectomía.

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