Do you feel lucky, punk?

On January 6, 2018, in Uncategorized, by sergio

Un post para informar principalmente a Juan David que finalmente se ha despejado una duda sembrada hace 23 años: ¿mi habilidad en tiro con arma larga en el ejercito hubiera aplicado a armas de mano?

Hoy estuve en un polígono donde pude probar mi destreza con pistola y revolver. Luego de una guía somera por parte de un instructor muy amable, disparé diferentes armas incrementando el calibre: .22, .38, 9mm, y magnum .357 (.22 y 9mm pistola automatica y .38 y .357, revolver). Me fue bien, o eso dijo el instructor. Con cara de que bien para un novato pero no con cara de que hubiera podido aspirar a una carrera exitosa en el mundo del sicariato.

 

Pollo Frito Kentucky

On January 3, 2018, in Uncategorized, by sergio

Hoy, respetando una maña tradición personal, fui a mi cita anual en el Kentucky Fried Chicken de la zona, sobre el boulevar Hamel. Iba armado con un cupón que me permitiría degustar 4 presas de pollo “broster” (en buen colombiano), una ensalada de repollo en un tarrito, papas fritas y cocacola por la módica suma de 8 dolares CAN. KFC fue fundado por el coronel Sanders en 1952 y 66 años más tarde ahí estaba yo, al pie del cañon, dispuesto a tragar grasa trans al cién para obtener ese placer tóxico y autrodestructivo que ofrece la comida chatarra y que, supongo, deben ofrecer, solo que más intensamente, las drogas duras y el sexo ilícito. Los KFCs son por supuesto un lugar deprimente desde el punto de vista de la salud pública, de la cultura culinaría, o simplemente de la cultura, de cualquier país del planeta, pero además en el primer mundo son también un lugar donde se le saca plata a la gente pobre a cambio de un poquito de felicidad de mala calidad porque no hay nada más barato. En fin, ahi estaba yo junto a unos desconocidos con cara de golpeados por la vida, con mi cajita de pollo, mis botas sucias y mi mente encanallada y empecé a comer ese pollo abominable, cubierto de su vulgar apanado “crispy”, tan solo para descubrir que luego de la primera presa ya me había empezado esa sensación de asco que normalmente solo me da después de que ya he terminado de comer. Me tuve que forzar un poco para comerme la segunda pieza. A la tercera le quité el cuero crispy (el “broster”?) y me comí la mitad. La cuarta la boté a la caneca. Salí triste, triste por mi fragilidad, decepcionado de mi estomago, compañero con el que siempre había podido contar en el pasado aún en las circunstancias mas duras que la vida me hubiera puesto por delante.

 

La siesta

On December 18, 2017, in Uncategorized, by sergio

El cazador-recolector de antaño practicaba la siesta, así como lo hacen hoy en día otros primates o como lo hacen los perros callejeros, los cuales duermen en pandilla en los pasadores de las principales avenidas de ciudades como Bogotá a plena luz del día (o al menos así era en un pasado reciente, antes de que ser parte de ese cuadro bucólico comenzara a conducir a los pobres canes derecho a un centro de zoonosis). Pero no, esta afirmación es inexacta: los seres libres que acabo de citar no dormian ni duermen la “siesta”, que no es otra cosa que la reducción del acto de dormir cuando a uno le de la gana a un acto programado y restringido a un cierto horario y a unas ciertas reglas y convenciones. En cualquier caso, incluso este acto ya domesticado y gobernable, la siesta, es mal visto y considerado una costumbre folklorica de pueblos poco avanzados y perezosos. ¿Considerado así por quien? Por el esclavo mas docil y productivo creado en toda la historia de la humanidad: el ciudadano moderno de los paises industrializados.

El principal enemigo de la siesta es por supuesto esa atrocidad a la que Weber dió el nombre de “la ética protestante”, gran estafa que conduce al hombre a buscar la felicidad en su condición de esclavo de si mismo y que se ha expandido por el globo como epidemia del virus Ébola, solo que con consecuencias mil veces más catastróficas.

En nuestra época de “liberalismo” rampante y vencedor, esa mentalidad enfermiza se reencaucha en el ideal de que todo el mundo es un empresario, es decir, alguien que se explota a sí mismo al máximo para obtener una parte un poquito más grande de las migajas.

En estas condiciones, no me es posible augurar un buen futuro para la siesta.

 

Como peces en el agua

On November 5, 2017, in Uncategorized, by sergio

Las ideologías dejan de serlo cuando se imponen como la norma. En ese momento se vuelven invisibles y sus defensores adquieren el privilegio de tratar a los que proponen algo distinto de radicales. En ese sentido, el nacionalismo es algo parecido: aquellos que ya se han materializado en la independencia política de un país se vuelven transparentes.

Los movimientos independentistas incomodan en buena parte porque rompen la ilusión de que vivimos por fuera de una nación. Los españoles que critican el nacionalismo catalán como un movimiento sectario, en este momento tienen que pasar el trago amargo de saber que su propia nación acaba de meter a un poco de gente a la carcel por el delito de poner en peligro la unidad de su sagrado territorio. No hay que engañarse, lo que gana acá aún no es el post-nacionalismo, es el nacionalismo de los más fuertes.

 

Certezas

On July 15, 2017, in Uncategorized, by sergio

Poco a poco se va uno quedando sin certezas sobre la vida. Al fin y al cabo, ¿Quién va a ser uno para estar por encima de su propia época, la del nihilismo consecuencia de la muerte de dios?

Una cosa es segura, a dios no lo va a reemplazar ni el liberalismo, ni el anarquismo ni el humanismo, ni los life-hacks, ni nada de eso, así que mejor no buscar por esos lados, para evitar frustraciones. De lo anterior estoy seguro porque una de las pocas que aún doy por ciertas mas allá de toda duda es la superioridad de lo bello sobre lo feo y en las alternativas que listé anteriormente no se encuentra nada de la luminosidad que la idea de dios extendía otrora sobre la psique del ser humano.

En otras palabras, estamos graves.

Hablando de liberalismo, está candente el debate sobre “el dogma trans”, como llamó Carolina Sanín a un discurso que no se tomó la molestia de precisar, ni definir, de delimitar ni nada. Pero bueno, lo que entiendo es que en ese debate hay dos campos: el de los que reivindican el derecho de los trans a ser identificados con el género al cual ellos consideran pertenecer y el otro campo (el de Carolina Sanín) que ven en esas reivindicaciones el fortalecimiento de los géneros existentes, es decir, de construcciones sociales que contribuyen a la opresión de los miembros de uno de los dos sexos biológicos.

A ese respecto, como ya comenté con los camaradas Velez y Rodriguez, mi opinión, o mi intuición más bien porque yo que voy a saber, es que si bien la expresión de los géneros es (hasta cierto punto) arbitraria, y perfectamente criticable, la existencia de dos géneros en una sociedad cualquiera es posiblemente una necesidad de la especie. Y si, digo dos (pueden llamarme godo), porque creo que esencialmente es una realidad binaria (con matices, obvio), pero ajá. Eso me convence más que lo correcto es ser considerados con las personas que están sufriendo por tener que vivir asignados a un género distinto al que su cabeza les dice que pertenecen, en vez de darles lecciones explicándoles que son idiotas útiles del patriarcado.

 

Los jefes

On June 23, 2017, in Uncategorized, by sergio

Desafortunadamente para mi cosmovisión anarquista, en el curso de mi vida profesional me he dado cuenta de la diferencia que hace en un grupo tener a alguien competente dirigiendo las cosas con respecto a no tener a nadie en el rol de líder. Y con “competente” me refiero no a la competencia en el tipo de actividad en cuestión sino a la capacidad de dirigir a un grupo de personas, algo que me parece casi tan innato como la belleza física. Para consolarme me digo que eso se debe a la manera como está organizada la sociedad en la que vivimos, que ha encerrado a todo el mundo en ese esquema de dirigentes y dirigidos, que en la utopía anarquista que se viene nos vamos a liberar de esa tara y todo se va a organizar concertadamente sin necesidad de jefes. Pero la verdad es que ni idea.

 

Demorado

On May 1, 2017, in Uncategorized, by sergio

No me acuerdo ya de cuantos años tenía y tampoco sé exactamente en que lugar del Meta estábamos en esas vacaciones, pero recuerdo que nos detuvimos en un lugar donde una gente con palas trabajaba junto a unas montañitas de hoja de coca. Era un viaje sin ninguna planificación, un viaje desbaratado como el Toyota de mi papá, en el que él estaba más ocupado en conversar y en tomar cerveza que en los asuntos prácticos y aburridores que conlleva viajar con dos niños. Apostaría que mi hermano y yo pasamos en esas vacaciones muchos días seguidos con exactamente la misma ropa sin que mi papá se percatara. Es posible que haya sido en esas vacaciones también cuando pasamos por Mapiripán, pueblo que se convertiría algunos años mas tarde en el escenario de una famosa masacre de las AUC. Recuerdo que vi un letrero vertical en una droguería: “MAPIRIPAN”, y me lamenté interiormente de que el nombre del pueblo no terminará en M, lo que lo hubiera hecho palíndrome.

Fue en ese viaje en el que en algún momento pasamos, no sé por qué, unos cuantos días en una ranchería precaria donde no había nada que hacer para un niño salvo dedicarse a la observación de unas hormigas monstruosas que se comían cuanto infeliz bicho se les pusiera al lado.

Una mañana me desperté y en el rancho ya otras personas estaban por ahí despiertas, tomando tinto. Estaba mi papá y un tipo que no se quien era, probablemente algún habitante circunstancial de ese caserío. Mientras conversaba con mi papá, el tipo en cuestión agarró desprevenidamente uno de mis zapatos del suelo y lo sacudió (una de las consignas en ese lugar salido de “La vorágine” era revisar los zapatos por la mañana antes de calzarlos, en caso de que en ellos algo hubiese decidido hacer su nido durante la noche). Fue ahí cuando vimos salir del zapato un ciempiés enorme que inmediatamente huyó del lugar, buscando alguna rendija en el suelo. Impresionado, durante el resto del viaje nunca se me olvidó el asunto de revisar los zapatos. Tampoco he vuelto a ver un ciempiés igual de grande en toda la vida.

Como 25 años mas tarde estaba caminando al trabajo, en Montreal, pensando en cosas que no tenían nada que ver con zapatos ni ciempieces ni llanos orientales ni nada, cuando no sé de donde la verdad se reveló en mi mente, nitida: obviamente el que el tipo hubiera sacudido mi zapato no había sido un hecho fortuito, tuvo que haber sido él mismo el que puso el ciempiés en mi zapato de antemano, antes de que yo me despertará. Una farsa con fines pedagógicos.

A veces me demoro un rato en conectar los puntos.

 

El hombre del paleolítico

On April 14, 2017, in Uncategorized, by sergio

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Me imagino que ya saben que lo que hay que disminuir es el azúcar, que la grasa finalmente no es tan mala, excepto la grasa trans, que esa si es pésima. En la casa casi siempre desayunamos lo mismo: huevo frito, tinto y tostadas con mantequilla y mermelada, es decir, azúcar a la lata. El hombre del paleolítico nunca se preocupó por el azúcar. Hay que decir que en realidad su única fuente de azúcar en ese entonces eran las moras que ocasionalmente se encontraba por ahí en algún arbusto al que había ido a orinar. Lo del arbusto es un decir, ya que el hombre del paleolítico orinaba donde quería, en el momento en que lo encontrase la necesidad, lo cual seguramente era muy bueno para la prevención del cáncer de la vejiga y la disminución del stress.

En cualquier caso, el hombre del paleolítico no sufría de stress, ya que tenia en orden su vida espiritual y la serotonina. Aún no había sido contaminado por los perturbadores endocrinos ni por el “solo sé que nada se” que tanta desdicha ha traído a la humanidad desde entonces, ni tampoco por los cultos basados en el odio al mundo material. Desde acá, desde el siglo XXI, no alcanzamos ni siquiera a concebir la riqueza de su mundo interior, cuya potencia seguramente lo desestabilizaba de vez en cuando y lo mandaba a llorar solo detrás de una peña, para luego seguir su camino como si nada, feliz de la vida.

 

Sabiduría del resentimiento

On February 24, 2017, in Uncategorized, by sergio

Tengo un contacto en Facebook (con quien nunca he hablado, en realidad) que unicamente publica imágenes. Todas sus imágenes caben en una de dos categorías: 1) religiosas o 2) lo que yo llamaría píldoras de sabiduría del resentimiento. Las primeras corresponden a una especie de mensajillos de iconografía religiosa, adaptados al mundo de los memes. Por ejemplo:

Esto definitivamente no es de dios.

(Sobra decir que dudo mucho que al todopoderoso le interese que comentemos un post en Facebook. Pero bueno). Estas imagenes casi siempre las acompaña de un “Amén”.

Del segundo tipo de imágenes, las de resentimiento, lo que me parece interesante es que tiene mucho éxito, la gente les da like y comenta cosas estilo “tal cual!” “Triste pero así es”. Juro que los ejemplos que pongo a continuación son simplemente una muestra que agarré sin ningún esfuerzo de lo que ésta persona ha publicado en las ultimas dos semanas y que publica seguido desde que la tengo como contacto en Facebook:

 

no, no creo.

 

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Obvio que el autor tiene en mente a alguien en particular, y que le encantaría que a esa persona la vida le diera vueltas (para mal)

 

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Este mensaje no está del todo mal, aunque sospecho que la intención más que defender a una victima es la de llamar a alguien “anormal”

 

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Ok

 

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Ratas en mayúscula

 

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etc, etc

 

 

Toys “R” Us

On February 22, 2017, in Uncategorized, by sergio

Hacemos fila en la caja de Toys “R” Us para pagar un regalo para un cumpleaños al que está invitado Sebas y un peluche para otro regalo. El peluche cuesta más de lo que esperabamos (dos dolares más). Escucho a Andrea decirle a la cajera “yo sé que no es su culpa, pero esta es la segunda vez que tengo un problema con un precio mal etiquetado acá”. Veo a la cajera inclinarse hacia atrás y decir “Ah si? Yo no tengo ningún problema con ir a verificar el precio”. Sudo. Hay por lo menos cinco personas detrás nuestro en la caja. Escucho a Andrea decir “Pues vamos a verificar”. Ambas tienen los brazos cruzados, se observan, como en una película de vaqueros. Me quedo esperando con Sebas en la caja, intentando evitar la mirada del resto de los clientes. Al cabo de un rato la cajera regresa, sola. En ese momento me invade más que nunca el sentimiento trágico de la vida.

Continuara.