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Educación

¿De dónde habrá salido esa idea tan repetida según la cual la educación es el vehículo fundamental para la emancipación de la humanidad, cuando en realidad el papel fundamental de la educación es el de condicionar a la gente para que acepte una vida cotidiana que fundamentalmente está en contra no solo de sus impulsos naturales sino también de su felicidad?

Pasando a otro tema, el otro día fui a la asamblea del comite local de Quebec Solidaire, el único partido de izquierda de la provincia (y que, como tal, es considerado previsiblemente como de extrema izquierda). Terminé inscrito en el comite de coordinación. Tengo la impresión de que ese tipo de actividades de implicación ciudadana, por llamarlas de alguna manera, son conducidas generalmente por personas “de una cierta edad”. La razón obvia es que los pensionados tienen más tiempo libre, pero yo sospecho que también tiene que ver con mi hipótesis de que, contrario a la sabiduría popular, el espíritu de progreso colectivo encuentra su apogeo en la calma de la vejez mientras que el militantismo de la juventud proviene muy frecuentemente del placer primario de la confrontación así como de la voluntad de adquirir esa forma de poder que es la de redefinir las reglas del juego.

La satisfacción del deber cumplido

Sostengo que “la satisfacción del deber cumplido” es una expresión engañosa, que cumplir con las reglas (el deber) es algo que, en si mismo, nunca la ha proporcionado a nadie nada distinto de, a lo sumo, una intrascendente sensación de alivio. Mantengo que cualquier sensación de satisfacción que se le haya podido atribuir al cumplimiento del deber tiene su origen en algo distinto. Tal vez en el hacer algo bien hecho (la satisfacción del artista al producir una obra de calidad, del cientifico al producir un artículo valioso, del narcotraficante al llevar a cabo un proyecto bien planificado, etc), lo cual es algo que produce una sensación de  bienestar en si mismo, sin necesidad de validaciones exteriores, pero que no tiene nada que ver con el respeto de ninguna regla. Tal vez se confunda la satisfacción del deber cumplido con las consecuencias que tiene el deber cumplido (la imagen que los demás se hacen de uno, la estabilidad del orden social, etc). O puede que se trate del mismo placer que siente el asceta, el fakir al lograr forzarse a realizar actos extraordinarios contra si mismo y que no tiene en realidad nada que ver con el deber sino que se trata, como lo explica Nietzche, de una expresión degenerada de la voluntad de poder, encarnada en el dominio violento del asceta sobre si mismo. El caso es que, si se eliminan esas fuentes de satisfacción, cumplir con el deber no es fuente de ninguna sensación de la cual valga la pena decir algo.

Creo que en eso radica el genio del cristianismo, al proponer no el deber sino el amor como principio rector. Por supuesto, el amor es algo mucho mas complicado que el deber, no se puede capturar en unas cuantas formulas y reglas, exige un esfuerzo personal que tiene que ver con la honestidad de cada quien consigo mismo.

Cualquier discurso que hable de “derechos” y “deberes” debe ser tratado con la mas alta desconfianza. Se trata seguramente de una falsificación, de una estafa.

Sobre la columna de Javier

El tipo de reacciones que ha despertado la columna de Javier Moreno sobre la inversión pública en investigación científica en Colombia confirman que ha tocado un nervio sensible. La turba de comentaristas hace gala de una sumisión al dogma que haría morir de la envidia a los jerarcas católicos de hace un par de siglos. Sí la hegemonía de la iglesia permitía terminar una discusión acusando de “hereje” al adversario, ahora es posible hacer lo mismo tratandolo de “ignorante”.

(Hasta el momento, la única respuesta con algo de fundamento es la de Andrés Villaveces, lo demás es gritería)

Conceptos

Cyber-Utopianism : “A naîve belief in the emancipatory nature of online communication that rests on a stubborn refusal to acknowledge its downside” (Evgeny Morozov)

Californian Ideology : “The Californian Ideology is a set of beliefs combining bohemian and anti-authoritarian attitudes from the counterculture of the 1960s with techno-utopianism and support for neoliberal economic policies. These beliefs are thought by some to have been characteristic of the culture of the IT industry in Silicon Valley and the West Coast of the United States during the dot-com bubble of the 1990s.” (Wikipedia)

Commodore 64

El primer computador que usé con algo de conciencia fue un Commodore 64. Uno de los multiples eslabones de la cadena evolutiva que transformó al ordenador primitivo en el aparato domesticado y aséptico que es hoy en día. El commodore 64 era una especie de teclado que se conectaba al televisor. No había mouse. Era posible conectarle una unidad de lectura de discos (Diskettes de 5.25 pulgadas. Dysan, por favor). Cuando uno prendía el Commodore lo primero que veía era unos mensajes informando que se disponía de 64 kilobytes de memoria (de los cuales 32 ya estaban siendo usados por el sistema operativo). Y luego uno se quedaba sólo en la linea de comandos.

Con Fidel nos la pasamos muchos fines de semana transcribiendo programas en Basic, sacados de libros que vendían en la Librería Nacional. A pesar de que ya iba muy adelante en el camino hacia su uso masivo en los hogares, el computador todavía se concebía antes que nada como una máquina programable. No se notaba mayor esfuerzo en disfrazar al computador de algo distinto a eso. Al usuario no se le trataba como alguién al que hubiese que proteger de las asperezas de una máquina abierta y compleja.

A cada cual sus nostalgias. Mi primer carro lo compré hace solo dos años. Es un mazda 5. Solo abro el capot para cambiar el líquido de los parabrisas, nunca se me ocurriría meterle la mano a nada más.

¡Calcio!

Me gustó el libro ¡Calcio! de Juan Esteban Constain, es un libro divertido y además está escrito con cuidado. Ya solo por eso está por encima de mucho de lo que se escribe en Colombia, según las malas lenguas. En todo caso, lo recomiendo para pasar un buen rato leyendo.

El libro cuenta dos historias, una contada dentro de la otra, sobre dos enfrentamientos iguales en extravagancia. En la primera se enfrentan dos intelectuales europeos y en segundo se enfrentan el imperio español y los habitantes de una ciudad libre, en Italia.

En el contexto del enfrentamiento entre los dos maestros del mundo antiguo, el autor se excede un poco listando demasiados datos sabios y curiosos, tal vez para crear la atmosfera del mundo erudito en cuestión. A veces se vuelve un poco fastidioso y uno no sabe si en la exageración hay más bien burla o admiración. Otro punto que me pareció debil es que pareciera que el autor se esfuerza mucho en que a uno le caiga bien el personaje del sabio judio italiano, cuando el tamaño del libro y su estilo no dan para que los personajes lleguén a parecerle a uno suficientemente reales.

Dejando de lado esos detalles, me parece que ambas historias lo agarran a uno y tienen buen ritmo. Recurren a temas tradicionales y lo hacen con éxito. Se nota que el autor se divirtió escribiendolas y eso contagia al lector.

Otra nota sobre el libro aca.

Fin de gacetilla

Hace unos años Javier, Fidel, Juan Diego y yo creamos Gacetilla, un sitio para compartir noticias sobre Colombia. Hoy lo estamos cerrando oficialmente. Hemos pensado detener la aplicacion web y publicar todo el contenido de gacetilla  como páginas estáticas. Lo que queriamos con Gacetilla era reunir en un solo lugar las noticias elegidas por los usuarios. También esperabamos que se generara discusión alrededor de esas noticias. Desafortunadamente Gacetilla nunca logró levantar una comunidad animada de usuarios y un sitio como gacetilla es una comunidad o no es nada.

Me queda la impresion de que una noticia es interesante solo si hay mucha gente hablando de ella, independiente de si es una noticia importante o no. En esto radica el verdadero poder de los medios tradicionales, en elegir de cuales temas la gente habla y de cuales temas no. Poco importa la posición oficial del medio sobre los temas elegidos.

Jack of all trades (master of none)

Trabajo con gente que lleva años acumulando experiencia sobre técnicas bastante especializadas en un campo preciso de la programación. Son programadores extremadamente competentes que podrían trabajar en cualqueir cosa pero que además son expertos en algo bastante especifico. El camino que he seguido como programador no me ha hecho especializarme en niguna rama particular de la industria. No se hacer nada que un programador recién graduado (o un programador no graduado, de hecho) no pueda aprender a hacer en máximo unas cuantas semanas teniendo la documentación adecuada. La experiencia me ha hecho ganar una cierta intuición sobre la manera adecuada de escribir tal o cual programa. Nunca he intentado darle cuerpo a ese conocimiento. Me considero un programador apto, pero he trabajado con suficientes personas para saber que hay gente con mucho mas talento que yo para escribir programas sólidos. Creo que soy bueno encontrando ideas sobre cosas interesantes para programar. El software me interesa antes que nada como un medio para crear cosas nuevas. Las caracteristicas del código fuente me interesan también, pero menos.

Continuará…

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