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Fantasmagoría (cuento)

Gracias a la ciencia, la humanidad había logrado por fin comunicarse con los muertos. Una cadena de avances tecnológicos (basados en las propiedades metafísicas del Bosón de Higgs) había permitido la fabricación de sensores y transmisores nunca antes vistos. Esta tecnología permitiría a la sazón intercambiar mensajes con el ultratumba. El mundo, aterrado, observó por YouTube a un grupo de eminentes profesores recibir las primeras señales. Era el año 2048.

Inicialmente se trató de señales sin sentido, un ruido sin orden ni concierto que, sin embargo, “nos conmovió profundamente”, en palabras del sabio que dirigía el equipo de investigación a cargo. Poco a poco, gracias a un grupo conformado por lingüistas, historiadores, filósofos, mediums, hackers, artistas, matemáticos y gente del común, el código fue parcialmente decifrado. El primer mensaje que se pudo traducir provenía de una abuelita que enviaba saludos a sus 14 nietos.

La comunicación no era perfecta. Muchos conceptos del más allá fueron imposibles de traducir, por más empeño que se le puso. Por su lado, las ánimas parecían indiferentes y desoncertadas con muchos de los asuntos terrenales, como si los hubieran olvidado o les sorprendiera que alguien hablara de eso. Las preguntas que se les hacía sobre la existencia de Dios y el sentido de la vida eran respondidas con expresiones de perplejidad y con preguntas cuyo sentido escapaba aún a los más talentosos traductores. En medio de la frustración se abandonaron esos temas. A veces pasaba mucho tiempo sin que los espíritus dijeran nada. Otras veces respondían a preguntas que aún no se les había hecho. A veces preguntaban por el clima. El interés de la gente decayó.

Con excepción de un aumento en el número anual de suicidios, poco o nada había cambiado en el día a día de la humanidad. Pasada la novedad, la gente regresó a sus quehaceres mundanos y a sus angustias cotidianas. En el año 2067, las reservas mundiales de litio, material necesario para la transmisión de mensajes con las almas, alcanzaron niveles alarmantemente bajos. Las Naciones Unidas decidieron por unanimidad limitar la comunicación con el otro mundo para prevenir que el alto valor del litio causara una ruptura en la fabricación de anti-depresivos y de baterías para el iPhone.

En el año 2093, debido a una nueva crisis económica planetaria, se decidió cerrar definitivamente el último centro de comunicación con el universo espectral. Los últimos mensajes fueron lacónicos. La gente, incómoda, no sabía como despedirse. Insistíamos en que ibamos a estar bien, que no se preocuparan. Del otro lado quedaron en avisarnos si pasaba algo interesante.

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