Como peces en el agua

Las ideologías dejan de serlo cuando se imponen como la norma. En ese momento se vuelven invisibles y sus defensores adquieren el privilegio de tratar a los que proponen algo distinto de radicales. En ese sentido, el nacionalismo es algo parecido: aquellos que ya se han materializado en la independencia política de un país se vuelven transparentes.

Los movimientos independentistas incomodan en buena parte porque rompen la ilusión de que vivimos por fuera de una nación. Los españoles que critican el nacionalismo catalán como un movimiento sectario, en este momento tienen que pasar el trago amargo de saber que su propia nación acaba de meter a un poco de gente a la carcel por el delito de poner en peligro la unidad de su sagrado territorio. No hay que engañarse, lo que gana acá aún no es el post-nacionalismo, es el nacionalismo de los más fuertes.

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