Inhumanos

Es una idea común el que en todos los seres humanos hay monstruos en potencia y que dadas las circunstancias, mala suerte y un par de malas decisiones, todos podríamos convertirnos en un Campo Elias Delgado o en el guardián de un campo de concentración. Como la idea es más bien aterradora, uno quiere creer que son casos en los que las personas de alguna manera han perdido algo importante de su condición de seres humanos. Qué el guardián del campo de concentración a pesar de estar tranquilo por la noche con su familia, vive en alguna especie de infierno donde están los que han deformado un poco su alma para vivir tranquilos con lo que hacen. Es otra forma de ilusión de la justicia inmanente.

Es mas difícil mantener la ilusión cuando uno piensa en las generaciones pasadas más lejanas, las que convivieron con, y practicaron, el esclavismo y el genocidio en un mundo donde eran prácticas normales, inevitables. No eran menos seres humanos que nosotros, y no murieron sintiéndose más incompletos que nosotros, así como nosotros no seremos menos humanos que las generaciones del futuro que juzgaran horrible que haya habido gente miserable mientras que yo estaba escribiendo y ustedes leyendo esto en laptop carísimos.

Robespierre

Digamos que uno puede siempre hacer una lectura del presente como un punto en una transición histórica de algún viejo “sistema” a un nuevo “sistema”. En algún momento de cada una de esas infinitas transiciónes, denunciar a los representantes del viejo orden significa poner la vida en riesgo, al momento siguiente significa ser un paria, luego simplemente ser controversial, y así, hasta que al otro lado del espectro se convierte en simple matoneo bienpensante de personajes insignificantes y finalmente se llega a algún tipo de comisario político. En conclusión, todo el que denuncia a algún representante del “viejo orden” casi siempre tiene o un poco de martir o un poco de matón.

Another one bites the dust

Cuando anunciaron el cierre de Google Reader, monté un software de lecture de feeds RSS en mi servidor personal. Lo usé sin problemas hasta hace poco, salvo por un par de cosas que me fastidiaban de la interfaz y que modificamos con Javier. A partir de la última actualización, el programa comenzó a fallar de vez en cuando y hace poco resolví regresar a un servicio externo (feedly). No tengo ganas ni tiempo de intentar resolver el problema, y los argumentos sobre concentración de poder, privacidad, etc, etc, no alcanzan para moverme a hacer algo al respecto. Es dificil pelear contra la centralización de ese tipo de servicios en internet y su economía de escala. Habrá que seguir dando la pelea desde los blogs.

Pereza

Ayer actualicé el software del computador que alberga esta blog. Es una tarea aburridora, hubiera preferido esta leyendo en mi cama o viendo television o leyendo boberías en reddit. En el pasado me gustaba hacer ese tipo de actualizaciones, sentir que al final quedaba con una máquina al pelo. Ahora me parece incluso grotesca la idea de haber encontrado satisfacción en eso.

Como estoy solo en la casa, me ha quedado un poco más de tiempo libre que de costumbre. Poco a poco, cada vez que pasa eso (que me quedo solo) he ido abandonado la idea de que voy a hacer algo con ese tiempo libre, ya me he dado cuenta de que no voy a hacer gran cosa. No lo digo con amargura, me parece más bien algo chistoso. Habiendo superado las ganas de hacer algo, poco a poco me voy liberando de el creer que quiero hacer algo. Todavía no he llegado a ese punto, pero ya casi.

Algo que me ha gustado desde pequeño y que nunca me ha dejado de gustar es tirarme en la cama a leer algo. Tirado ahí. Tal vez igual de importante que la lectura, es ese aspecto de estar tirado. Por eso hoy le digo a la pereza: perdoname. Nunca había apreciado tu fidelidad.

La calle

Una vez sentí la presencia fuerte de la calle a los 11 años, cuando terminé medio perdido por la noche en la Caracas con sesenta y algo y sin plata para el bus. Esos sustos son importantes para el funcionamiento de la sociedad, son lo que hace que los seres humanos terminemos trabajando 40 años en una oficina de 9 a 5 todos los días, a cambio de no terminar en la calle.

En otra de sus acepciones, la calle es también eso que permite clasificar a los hombres según si tienen mucha o poca (calle). Yo soy de los que no tiene nada de calle, pero entiendo la utilidad de esa escala. En el ejercito conviví con gente a la que se le adivinaba bastante calle. Silvestres bestiecitas de presa y, aunque en alguno que otro había algo de nobleza, algo de inteligencia o de inocencia, a la mayoría no se les hubiera sacado cualidad que los redimiera ni a patadas. El más aguerrido, el más vicioso era uno al que le decían “Loquillo” y del que tengo la total certeza de que tiene que estar o muerto o en la carcel.

En la calle tal vez se goce la libertad de vivir al margen del sistema, quien sabe. Yo creo que eso es verdad, pero sospecho que solo para aquellos que no se atortolan nunca. Los demás tienen que vivir asustados. Si tuvieran opción, harían parte del ejercito de buenos ciudadanos que nos levantamos todos los días a barrer hacia afuera con nuestras escobas para que la calle no se meta mucho.

Fin(es) de la historia

El fin de la historia fue una idea propuesta por Francis Fukuyama según la cual el ser humano habría encontrado en la “democracia liberal” la forma óptima de organización de la sociedad. Según esta tesis, en los países occidentales se habría llegado ya entonces al destino final, el horizonte infranqueable de la evolución política y económica de la sociedad.

Los escépticos de esta teoría señalan lo tremendamente afortunados que tendríamos que ser para haber nacido en esa minúscula porción de la historia en el que se descubrió ese equilibrio estable e ideal que se supone va a perdurar eternamente de aquí en adelante. (Una suerte casi tan grande como la que supone creer que dios mandó a su único hijo a la tierra después de 200.000 años de existencia del ser humano y que justo a nosotros nos toco nacer apenas unos siglos después).   

Creo que se puede hablar de un fenómeno mas general, la imposibilidad del ser humano a pensar en las costumbres e ideas de su propia época como otra cosa diferente a “la manera natural”, la manera final, la más apropiada a la naturaleza del ser humano. Y esto a pesar de que basta mirar hacia el pasado para darse cuenta que las personas de otras épocas sentían lo mismo sobre sus propias idiosincrasias (o simplemente observar otras culturas). Es imposible sustraerse a ese fenómeno. Probablemente ni siquiera podemos saber exactamente cuales son nuestros propios “fines de la historia” en los que creemos firmemente sin haberlos nunca articulado explicitamente. Aquellas ideas de las que sospechamos y sobre las cuales podemos elaborar una crítica (el capitalismo, la familia tradicional, etc) ya han perdido su status de “fin de la historia”, por más hegemónicas que sean. Los verdaderos “fines de la historia” son aquellos para los cuales ni siquiera podríamos imaginar que existe una alternativa, ni tenemos el lenguaje apropiado para hablar de ella. Por definición, son aquellos sobre los cuales no estamos conversando.

La Ladera

Recomiendo este post de Nelson. Nunca me han amenazado con arma de fuego. Con arma blanca sí, en la modalidad atraco bogotano típico.

The golden bough

Llevo varios meses intentando terminar “The golden bough”, una de las obras asociadas historicamente con el nacimiento de la antropología. No es un libro malo, no es dificil de leer, ni siquiera es aburrido, pero documenta cada pequeña idea con un monton de ejemplos que lo vuelven interminable. Obvio que lo estoy leyendo por pura pose. Es como comer verduras y hacer ejercicio, uno sabe que es bueno para uno y hasta se le saca gusto. Pero que vaina tan jarta.

Breve comentario con respecto a la amistad

Words are but symbols for the relations of things to one another and to us; nowhere do they touch upon absolute truth…. Through words and concepts we shall never reach beyond the wall off relations, to some sort of fabulous primal ground of things. — F. Nietzche

En la categoría “amigos” metemos toda clase de relaciones que muchas veces tienen muy poco que ver unas con otras. Están los amigos de toda la vida, que se convierten prácticamente en parte de la familia. Están los amigos del trabajo cuya amistad existe solo en ese contexto. Hay viejos amigos, con los que uno no se ve ni habla casi nunca pero que siguen estando en la lista de amigos por la importancia que tuvieron en el pasado. Están los confidentes. Están los amigos que uno casi no conoce realmente pero con los que hay una afinidad evidente.

Contrario a las relaciones románticas, categorizadas y codificadas con precisión, con los amigos es menos claro cual es el “contrato” entre las dos partes. No hay términos para distinguir diferentes tipos de amigos ni nombres que definan cual es el nivel de dedicación, cual es la lealtad que cada cual puede esperar del otro. Y en general así funciona bien.

Instagram

A nadie le interesan las fotos de los demás. En especial: las de perros, las de platos de sopa, las de gatos, las de selfies haciendo muecas, las que se esfuerzan en capturar la belleza de objetos o lugares banales, las de fachadas de restaurantes, las de cualquier cosa en Nueva York, las de portadas de libros, las de tiquetes para un concierto, las de escritorios casualmente desordenados, las de cualquier cosa al lado de una taza o de unas gafas, las que muestran solo la mitad de un rostro.

 

 

Powered by WordPress. Designed by Woo Themes