Tucídides

Estaba en el computador leyendo bobadas y escuchando un podcast. Una de las participantes del podcast mencionó que en Grecia lo que la gente come cuando sale de los bares es queso feta frito, que venden en casetas por ahí en la calle. Me acordé que en la nevera me quedaba un pedazo de queso feta que había comprado para una ensalada. Eché un buen chorro de aceite de oliva en una sartén y en él freí la tajada por ambos lados, hasta que quedó bien establecida esa costra durita y dorada propia del queso frito (sea feta o costeño). Lo puse en un plato redondo y lo bauticé generosamente con jarabe de arce. Una locura esa vaina.

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