La satisfacción del deber cumplido

Sostengo que “la satisfacción del deber cumplido” es una expresión engañosa, que cumplir con las reglas (el deber) es algo que, en si mismo, nunca la ha proporcionado a nadie nada distinto de, a lo sumo, una intrascendente sensación de alivio. Mantengo que cualquier sensación de satisfacción que se le haya podido atribuir al cumplimiento del deber tiene su origen en algo distinto. Tal vez en el hacer algo bien hecho (la satisfacción del artista al producir una obra de calidad, del cientifico al producir un artículo valioso, del narcotraficante al llevar a cabo un proyecto bien planificado, etc), lo cual es algo que produce una sensación de  bienestar en si mismo, sin necesidad de validaciones exteriores, pero que no tiene nada que ver con el respeto de ninguna regla. Tal vez se confunda la satisfacción del deber cumplido con las consecuencias que tiene el deber cumplido (la imagen que los demás se hacen de uno, la estabilidad del orden social, etc). O puede que se trate del mismo placer que siente el asceta, el fakir al lograr forzarse a realizar actos extraordinarios contra si mismo y que no tiene en realidad nada que ver con el deber sino que se trata, como lo explica Nietzche, de una expresión degenerada de la voluntad de poder, encarnada en el dominio violento del asceta sobre si mismo. El caso es que, si se eliminan esas fuentes de satisfacción, cumplir con el deber no es fuente de ninguna sensación de la cual valga la pena decir algo.

Creo que en eso radica el genio del cristianismo, al proponer no el deber sino el amor como principio rector. Por supuesto, el amor es algo mucho mas complicado que el deber, no se puede capturar en unas cuantas formulas y reglas, exige un esfuerzo personal que tiene que ver con la honestidad de cada quien consigo mismo.

Cualquier discurso que hable de “derechos” y “deberes” debe ser tratado con la mas alta desconfianza. Se trata seguramente de una falsificación, de una estafa.

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