La calle

Una vez sentí la presencia fuerte de la calle a los 11 años, cuando terminé medio perdido por la noche en la Caracas con sesenta y algo y sin plata para el bus. Esos sustos son importantes para el funcionamiento de la sociedad, son lo que hace que los seres humanos terminemos trabajando 40 años en una oficina de 9 a 5 todos los días, a cambio de no terminar en la calle.

En otra de sus acepciones, la calle es también eso que permite clasificar a los hombres según si tienen mucha o poca (calle). Yo soy de los que no tiene nada de calle, pero entiendo la utilidad de esa escala. En el ejercito conviví con gente a la que se le adivinaba bastante calle. Silvestres bestiecitas de presa y, aunque en alguno que otro había algo de nobleza, algo de inteligencia o de inocencia, a la mayoría no se les hubiera sacado cualidad que los redimiera ni a patadas. El más aguerrido, el más vicioso era uno al que le decían “Loquillo” y del que tengo la total certeza de que tiene que estar o muerto o en la carcel.

En la calle tal vez se goce la libertad de vivir al margen del sistema, quien sabe. Yo creo que eso es verdad, pero sospecho que solo para aquellos que no se atortolan nunca. Los demás tienen que vivir asustados. Si tuvieran opción, harían parte del ejercito de buenos ciudadanos que nos levantamos todos los días a barrer hacia afuera con nuestras escobas para que la calle no se meta mucho.

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