Bernard II

Los dos espacios de parqueadero de Bernard siguen sin conocer el invierno, un rectángulo de pavimento perfecto, límpido, un oasis rodeado de esa costra de hielo sucio que cubre el resto del parqueadero como un relieve miserable. Un santuario. Sus dos carros brillan. Indistinguibles de su propia apariencia en verano, salvo por la ausencia de las bicicleta finas con las que recorre las carreteras de la provincia los fines de semana de los meses cálidos.

Creo que debe estar semi-pensionado y que vota por la derecha moderada.

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